Las diferentes etapas del divorcio

 

El divorcio es una experiencia vital muy dolorosa. Supone la interrupción de un proyecto de vida orientado a la creación de una familia, un proyecto basado en el afecto mutuo que se inicia con gran ilusión y sobre el que se vuelcan expectativas de acompañamiento o desarrollo personal, además de involucrar patrimonio. No es fácil aceptar que la pareja a la que entregamos durante tanto tiempo amor y confianza, emprenderá un nuevo camino del que ya no formaremos parte, con nuevas personas, experiencias y situaciones que no podremos compartir, al igual que sucederá con nosotros mismos. Tampoco es fácil aceptar que la crianza, en el caso de existir hijos, ya no será conjunta y que en ella se verá implicada la pareja del padre o de la madre, con valores que no siempre son compatibles con los nuestros.

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Es habitual detectar cuatro fases emocionales en el proceso de divorcio: negación y aislamiento, que no son más que formas de protegerse transitoriamente frente al impacto de lo sucedido; ira, con sentimientos de odio, venganza y rencor; negociación, con intentos de comprender la situación y, a veces, de recuperar la pareja; depresión, unida a la consciencia de que ya no es posible volver atrás; y, finalmente, aceptación de que la pareja no se puede recomponer y hay que andar el propio camino con optimismo, organizando nuestra vida de modo constructivo, llenando los vacíos con nuevos proyectos.

Como vemos, las fases del divorcio son idénticas a las del duelo por la pérdida de un ser querido y afectan de un modo u otro a ambos miembros de la pareja. Un duelo sano puede durar unos dieciocho meses. La recuperación post-divorcio puede ser, sin embargo, mucho más larga, sobre todo si el conflicto se prolonga en el tiempo.

Para transitar estas fases emocionales del divorcio puede ser conveniente buscar recursos externos. No debe avergonzarnos pedir ayuda médica o psicológica, acudir a expertos en familia o a grupos de padres y madres separados, incluso buscar apoyo religiosa o espiritual si eso nos permite a sanar. Aunque el rencor y la tristeza nos embarguen, lo que empezó con amor ha de ser terminado con amor en la medida de lo posible. Vale la pena hacer el esfuerzo, por nuestro propio bien y el de nuestros hijos.

Alicia García-Herrera

Alicia García-Herrera